Lo escaneamos para ver la carta de un restaurante, pagar, subir a un avión o conectarnos a una red Wi-Fi. El código QR forma parte de la vida diaria, pero no nació para el móvil ni para el marketing. Se inventó en Japón, a principios de los noventa, para resolver un problema muy concreto de las cadenas de producción.
Su creador fue Masahiro Hara, ingeniero de Denso Wave, entonces una división del fabricante de componentes de automoción Denso.
Mil códigos de barras al día
Según cuenta la propia Denso Wave, en los años noventa las fábricas pasaron de producir en masa un único modelo a una fabricación más flexible, que exigía un control mucho más detallado. Los códigos de barras se quedaban cortos: cada uno almacenaba unos 20 caracteres alfanuméricos, así que había que usar varios a la vez y algunos trabajadores llegaban a escanear alrededor de 1.000 códigos de barras al día.
En 1992, a Hara, que desarrollaba lectores de códigos de barras y equipos de reconocimiento óptico de caracteres, le pidieron lectores más rápidos. Pronto vio que el problema era el propio código de barras. Además, los usuarios querían poder codificar caracteres kanji y kana, y los productos eran cada vez más pequeños. Decidió crear un código nuevo, más compacto, con más capacidad y más rápido de leer, con un equipo de solo dos personas.
El secreto de los tres cuadrados
Un código bidimensional guarda información a lo ancho y a lo alto, pero es más difícil de localizar para un lector. La idea de Hara fue añadir al código una información que indicara su posición: los tres cuadrados de las esquinas, llamados patrones de detección de posición.
El reto era que esos patrones no se confundieran con otras figuras impresas cerca. Para lograrlo, el equipo hizo un estudio exhaustivo de la proporción entre zonas blancas y negras en dibujos y textos de folletos, revistas y cajas de cartón, revisando impresos día y noche. Encontraron la proporción que menos aparecía: 1:1:3:1:1. Esa es la anchura relativa de las bandas negras y blancas de cada cuadrado, y gracias a ella el lector detecta el código desde cualquier ángulo de 360 grados.
Siete mil números y diez veces más rápido
Tras año y medio de desarrollo y mucho ensayo y error, nació un código capaz de almacenar unos 7.000 números, además de caracteres kanji, y que podía leerse más de diez veces más rápido que otros códigos. Denso Wave también destaca su función de corrección de errores, que permite leerlo aunque esté parcialmente manchado o dañado, algo muy útil en fábricas llenas de grasa y aceite.
Se presentó en 1994. Las siglas QR significan quick response, «respuesta rápida», porque la prioridad era la velocidad de lectura. El primer gran cliente fue la industria del automóvil, que lo adoptó en sus sistemas kanban electrónicos de gestión de producción. Después llegaron la alimentación, la farmacia o las lentes de contacto, que necesitaban trazabilidad.
Una patente que nunca se cobró
La clave de su éxito mundial fue una decisión poco habitual. Denso Wave hizo públicas las especificaciones para que cualquiera pudiera usarlo libremente y, aunque conservó la patente, declaró que no ejercería esos derechos. Según la empresa, esa política existía desde el principio, respetando el deseo de los desarrolladores de que lo usara el mayor número posible de personas.
Después llegó la estandarización: norma AIM en 1997, estándar industrial japonés en 1999 e ISO en 2000. En Japón, el gran público lo descubrió hacia 2002, cuando salieron a la venta móviles capaces de leerlo.
Del taller al bolsillo
Hoy el QR sirve para casi todo: tarjetas de visita, entradas electrónicas, billetes de avión o verificaciones de identidad, como la que plantea Spotify para su plan familiar, que obligará a escanear un código QR en persona. Todo empezó con un ingeniero que quería ahorrar a los operarios mil lecturas de códigos de barras al día.
Fuentes
- QRcode.com (Denso Wave): History of QR Code
- Denso Wave: QR Code development story







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