Si Amazon no sabe cómo eliminar las emisiones de carbono, ¿quién sí?
En un evento organizado por Axios, Kara Hurst, directora principal de sostenibilidad de Amazon, reconoció que la empresa aún no tiene claro cómo alcanzará su meta de neutralidad de carbono para el año 2040. En una declaración abierta y realista, Hurst afirmó que «todavía nos esforzamos por ese objetivo», pero también admitió que no puede garantizar qué métodos utilizará para lograrlo. Esta revelación ha generado cierta decepción en el ámbito empresarial y ambiental, ya que Amazon es una de las empresas más grandes del mundo y se espera que sea líder en innovación sostenible.
La confesión de Hurst resalta la complejidad del desafío climático y la necesidad de colaboración entre empresas y gobiernos. «No es cuestión de empresas contra gobiernos», dijo a TechCrunch en una respuesta escrita después del evento. «Abordar el cambio climático a la escala que requiere necesita de ambos, y de que trabajen juntos». A pesar de esa postura, Amazon ha mostrado iniciativas significativas en el ámbito energético, como ser uno de los mayores compradores de energía limpia del mundo con 42 gigavatios en su cartera.
En su discurso, Hurst destacó que Amazon ha reducido su intensidad de carbono, es decir, la cantidad de contaminantes generados por cada dólar de ingresos. Sin embargo, este indicador subió el año pasado en comparación con 2024, aunque sigue siendo menor que en 2022. Este dato refleja la dificultad de mantener una reducción constante de emisiones en una empresa tan diversificada como Amazon.
La estructura empresarial de Amazon, que abarca desde transporte aeroportuario hasta inteligencia artificial y agricultura, hace que sus emisiones de carbono estén distribuidas en casi todos los sectores económicos. Por esta razón, la compañía depende de proveedores en múltiples industrias para cumplir con sus objetivos ambientales. «Esto no lo podemos hacer solos», señaló Hurst en el foro de Axios, enfatizando la importancia de la colaboración.
El compromiso de Amazon con la meta de neutralidad de carbono, conocida como The Climate Pledge, sigue vigente, según Hurst. Sin embargo, sus decisiones recientes han generado críticas. En enero, se reveló que la empresa planeaba construir una planta de energía de gas natural de 7.65 gigavatios para alimentar un campus de centros de datos dedicados a inteligencia artificial. Ese proyecto podría generar hasta 33 millones de toneladas de dióxido de carbono al año, convirtiéndose en la mayor fuente individual de emisiones en Estados Unidos.
Este tipo de decisiones contradice el mensaje de liderazgo ambiental que Amazon intenta proyectar. La industria tecnológica, especialmente en el sector de la IA, está experimentando un crecimiento acelerado, y muchas compañías priorizan el crecimiento económico sobre las metas climáticas. Amazon, como operadora del mayor servicio en la nube del mundo, ve en la IA una oportunidad clave para expandir sus ingresos, incluso si eso implica recurrir a fuentes de energía no renovables.
La comunidad de tecnología sostenible ha esperado que el mercado, impulsado por el descenso de costos de energía limpia, conduzca a una reducción natural de emisiones. Aunque existen casos de éxito, el auge de la inteligencia artificial ha demostrado que este enfoque tiene limitaciones. La elección de Amazon de apostar por el gas natural representa una señal preocupante sobre el compromiso real del sector tecnológico con la lucha contra el cambio climático.
Esta situación plantea una pregunta fundamental: ¿cuánta responsabilidad tiene Amazon en la crisis climática global? Aunque la empresa ha tomado medidas positivas, sus acciones contradictorias sugieren que su compromiso con la sostenibilidad puede estar más orientado a la imagen pública que a la acción concreta. La necesidad de una transición energética verdaderamente sostenible exige que las grandes corporaciones actúen con coherencia y responsabilidad.
El debate sobre la responsabilidad ambiental de las grandes empresas se intensifica en momentos donde la demanda de tecnologías como la IA está en auge. Si empresas como Amazon no logran equilibrar el crecimiento económico con la protección del medio ambiente, será difícil que otros sectores sigan su ejemplo. La transición hacia una economía baja en carbono requiere no solo innovación, sino también voluntad política y ética empresarial.
En última instancia, la falta de claridad en los planes de Amazon para alcanzar la neutralidad de carbono pone en evidencia la necesidad de una supervisión más estricta y de mecanismos de rendición de cuentas más robustos. Mientras tanto, los inversores, consumidores y reguladores están mirando con atención cómo se desarrollan estas decisiones estratégicas en el futuro cercano.
Traducción y adaptación por Tecnología 365.
Fuente original: TechCrunch