Es uno de los objetos más asombrosos que nos ha dejado la Antigüedad: un amasijo de bronce corroído, del tamaño de una caja de zapatos, que esconde un sistema de engranajes capaz de reproducir los movimientos del cielo. El mecanismo de Anticitera se considera el ejemplo más antiguo conocido de computadora analógica.
Lleva más de un siglo desconcertando a los investigadores, y cada nueva técnica de análisis ha revelado algo más sobre la sofisticación de quienes lo construyeron hace más de 2.000 años.
Un hallazgo entre los restos de un naufragio
En 1901, unos buceadores recuperaron numerosos objetos de un barco hundido frente a la pequeña isla griega de Anticitera, entre Creta y el Peloponeso. Entre estatuas y otras piezas apareció un bloque de bronce y madera al que nadie prestó demasiada atención.
Fue en 1902 cuando, durante una visita al Museo Arqueológico Nacional de Atenas, el político Spyridon Stais se fijó en que uno de los fragmentos contenía un engranaje. Su primo, Valerios Stais, director del museo, inició el primer estudio de la pieza. El aparato estaba alojado en una caja de madera de unos 34 × 18 × 9 centímetros y apareció como un único bloque, que más tarde se separó en fragmentos.
Lo que queda: 82 fragmentos y 30 engranajes
Hoy el mecanismo se conserva en el Museo Arqueológico Nacional de Atenas dividido en 82 fragmentos. Según el estudio publicado en 2021 en Scientific Reports, de la revista Nature, solo sobrevive aproximadamente un tercio del original, incluidas 30 ruedas dentadas de bronce corroído.
Se atribuye al siglo II antes de Cristo, en época helenística. Su complejidad no tiene equivalente conocido hasta unos 1.500 años después, con los relojes astronómicos europeos del siglo XIV.
Qué hacía el mecanismo
El aparato funcionaba a mano: al girar una manivela, los engranajes movían diales y punteros que representaban el paso del tiempo y las posiciones de los astros. Permitía predecir posiciones astronómicas y eclipses con décadas de antelación y seguir ciclos de calendario, entre ellos el ciclo de cuatro años de los juegos atléticos, como los Juegos Olímpicos de la Antigüedad.
La parte trasera fue descifrada gracias a la tomografía computarizada de rayos X realizada en 2005, que permitió ver el interior de los fragmentos sin dañarlos. Esa misma técnica reveló inscripciones —una especie de manual de instrucciones grabado en el propio aparato— que describen los movimientos del Sol, la Luna y los cinco planetas conocidos en la Antigüedad.
El cosmos en la cara frontal
La parte delantera era el gran misterio. En 2021, un equipo del University College London encabezado por Tony Freeth publicó en Scientific Reports una nueva reconstrucción. Según los autores, la cara frontal mostraba el Sol, la Luna y los planetas como un auténtico «cosmos» griego, con anillos concéntricos para cada astro en lugar de simples punteros.
El modelo propuesto encaja con las inscripciones y con los periodos planetarios que estas especifican, algo que las reconstrucciones anteriores no habían conseguido. Para lograrlo, los investigadores tuvieron que deducir mecanismos que no se han conservado, combinando los datos físicos con las matemáticas de la astronomía griega.
Por qué nos sigue fascinando
El mecanismo de Anticitera obliga a replantear la idea de que la tecnología avanza siempre en línea recta. Muestra que en el mundo griego existía un conocimiento de mecánica y astronomía capaz de traducir teorías sobre el movimiento de los astros en piezas de bronce perfectamente engranadas.
No era un ordenador en el sentido moderno, porque no ejecutaba programas, pero sí una máquina de calcular dedicada: introducías una fecha girando la manivela y obtenías una predicción. La misma idea, a fin de cuentas, que hay detrás de cualquier calculadora que llevamos hoy en el bolsillo.
Fuentes
- Scientific Reports (Nature), Freeth et al., 2021: A Model of the Cosmos in the ancient Greek Antikythera Mechanism
- Wikipedia (en inglés): Antikythera mechanism






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