Una chocolatina derretida y un radar: así se inventó el horno microondas

Magnetrón de laboratorio junto a una tableta de chocolate derretida

Es probablemente el electrodoméstico más rápido de la cocina y, curiosamente, nació en un laboratorio militar y por pura casualidad. El horno microondas tiene su origen en la tecnología de radar de la Segunda Guerra Mundial y en el bolsillo de un ingeniero que llevaba una chocolatina.

La historia de Percy Spencer es también la de un inventor autodidacta que nunca terminó la escuela primaria y acabó transformando la forma en que calentamos la comida.

Un ingeniero sin estudios y el corazón del radar

Percy L. Spencer nació en 1894 en Howland (Maine, Estados Unidos) y se quedó huérfano siendo muy pequeño. Según el National Inventors Hall of Fame, nunca llegó a graduarse en la escuela primaria, pero aprendió electrónica por su cuenta y durante su paso por la Marina estadounidense se familiarizó con la tecnología de radio.

Acabó trabajando en Raytheon, una de las grandes fabricantes de magnetrones, los tubos que generan las microondas que utiliza el radar. Allí su primera gran aportación no fue el horno, sino la fabricación: en 1941 se producían 17 magnetrones al día, y Spencer diseñó una versión más sencilla, que sustituía piezas de cobre de precisión por láminas y soldaduras internas por un anillo sólido. Con sus mejoras, la producción llegó a 2.600 unidades diarias, algo clave para el esfuerzo bélico aliado.

La chocolatina que se derritió

Según el relato que recoge MIT Technology Review, un día de 1945 Spencer pasaba por una sala de pruebas de radar con una chocolatina en el bolsillo. Al acercarse demasiado a un magnetrón en funcionamiento, notó que el chocolate empezaba a derretirse.

Lejos de asustarse, hizo lo que cualquier ingeniero curioso: experimentar. Apuntó el magnetrón hacia unos granos de maíz y vio cómo se convertían en palomitas. Después lo probó con un huevo, que se calentó tan deprisa que acabó explotando. Había descubierto que las microondas podían calentar alimentos desde dentro, de forma muchísimo más rápida que un horno convencional.

Por qué funciona: el agua que baila

El principio es sencillo de explicar. Las microondas son ondas electromagnéticas que hacen oscilar las moléculas de agua presentes en los alimentos. Ese movimiento constante se traduce en calor. Por eso los alimentos con más agua se calientan antes, y por eso un huevo con cáscara puede reventar: el vapor se acumula dentro sin poder escapar.

Spencer lo dejó plasmado en su patente con un ejemplo llamativo: según cita la Biblioteca del Congreso de EE. UU., afirmaba que con su sistema podía cocer un huevo duro con un consumo de 2 kilovatios-segundo, frente a los 36 que hacían falta por el método convencional.

La patente y el gigantesco Radarange

Spencer presentó su solicitud de patente el 8 de octubre de 1945 y la Oficina de Patentes de EE. UU. se la concedió el 24 de enero de 1950 con el número US2495429, bajo el título «Método de tratamiento de alimentos».

Raytheon lanzó en 1947 el primer horno comercial, bautizado Radarange, en honor a su origen en el radar. No tenía nada que ver con los aparatos actuales: según la Biblioteca del Congreso, medía casi 1,8 metros de alto y pesaba alrededor de 340 kilos. Costaba entre 2.000 y 3.000 dólares, por lo que se vendió sobre todo a restaurantes, trenes y barcos.

Del restaurante a la encimera

Los primeros intentos de llevarlo a los hogares fracasaron. El salto llegó cuando Raytheon compró el fabricante de frigoríficos Amana, a mediados de los años sesenta, y aprovechó su experiencia en distribución. En 1967 lanzó el Amana Home Radarange, un modelo de sobremesa por menos de 500 dólares que abrió el camino al microondas doméstico.

El National Inventors Hall of Fame, que incluyó a Spencer en 1999, calcula que hoy hay más de 200 millones de microondas en uso en todo el mundo. Según MIT Technology Review, Spencer nunca se benefició económicamente de su patente más allá de su trabajo en Raytheon, donde llegó a vicepresidente. No está mal para alguien que solo quería comerse una chocolatina.

Fuentes

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